Manuel Scorza
Manuel Scorza Torres (Huancavelica, 9 de septiembre de 1928 - Madrid, 27 de noviembre de 1983) fue un novelista , poeta y editor peruano de la Generación del 50, atento a los fenómenos sociales y auscultador de problemas del momento de la nación peruana . Uno de los más altos narradores perteneciente al Indigenismo o Neoindigenismo peruano, junto con sus compatriotas Ciro Alegría y José María Arguedas, cultivador del realismo mágico, pero un tanto desaliñado. Ganó los dos primeros premios en los Juegos Florales del IV centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México (1952) y obtuvo Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano (1956)
BIOGRAFÍA
Luego de vivir en Acoria (Huancavelica) viaja a Lima, en donde realizó su formación escolar en el Colegio Militar Leoncio Prado, el mismo donde estudiaron también el novelista Mario Vargas Llosa y el periodista César Hildebrandt, entre otros. En 1945 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y comenzó una etapa de febril actividad política, miltando en el Apra.En 1948, a los 20 años, Scorza se vio obligado a salir del país en calidad de exiliado tras el golpe de estado del general Odría y la implantación de un gobierno autoritario. Se estableció en París, Francia, donde aprendió francés y obtuvo un trabajo de cierto prestigio: lector de español en la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud.
Muchos de los versos que integrarían su primer poemario, Las imprecaciones (1955), son fruto del desconsuelo en que se hallaba inmerso.Vuelve al Perú durante el gobierno de Manuel Prado, que contaba con el apoyo de los apristas.
Sin embargo, fue en su obra narrativa, de la que Alejo Carpentier, el abarrocado, fue uno de sus maestros, donde Scorza encontró el espacio ideal para tocar a profundidad los problemas del Perú profundo: contradicción entre los campesinos y la explotación minera por grandes compañías extranjeras.
Su primera novela, Redoble por Rancas (1970), forma parte de un ciclo denominado "La balada", "las Cantatas" o "La guerra silenciosa", donde, desde una óptica eminentemente poética que fusiona mitos ancestrales e historia, Scorza muestra la antigua lucha de los campesinos para recuperar sus tierras. Las demás novelas que componen este ciclo, Historia de Garabombo el Invisible (1972), El jinete insomne (1977), Cantar de Agapito Robles (1977) y La tumba del relmpago (1979), continúan uniendo el realismo social a la fantasía poética. Esta serie de novelas, traducida a más de cuarenta idiomas, se ha constituido en una de las más difundidas y reconocidas de la literatura peruana en este siglo.
En 1968, en plena efervescencia de las luchas campesinas en la sierra central y en virtud a su activa participación a través de un movimiento político indigenista, tuvo que abandonar de nuevo el país. Llevó consigo dos manuscritos: El vals de los reptiles y Redoble por Rancas, un poemario y una novela respectivamente, ambos de 1970.
En 1981 fue el primero de una lista de escritores de fama internacional que el diario Il Mattino había invitado a Nápoles para que escribieran una serie de artículos sobre la ciudad que un terremoto había vuelto a asolar tras un leve resurgimiento en los años 1980. En 1983 y después de haber publicado en febrero de ese año su última novela, La danza inmóvil, que significaba una ruptura radical con el ciclo de "La guerra silenciosa", el Boeing 747 Vuelo 11 de Avianca en el que iniciaba viaje rumbo a BOGOTA junto a otros intelectuales para participar en un congreso que pretendía hacer balance de la cultura hispanoamericana, se estrelló contra una colina en su aproximación al aeropuerto de Madrid.
OBRAS
- Las Imprecaciones (1955)
- Los adioses (1959)
- Desengaños del mago (1961)
- Réquiem para un gentil hombre (1962)
- Poesía amorosa (1963)
- El vals de los reptiles (1970)
- Poesía completa (2012)
- Ciclo de novelas "La Guerra Silenciosa":
"REDOBLE POR RANCAS"
Este libro del escritor peruano Manuel Scorza narra la vida de los habitantes de un pueblo de los Andes Centrales del Perú, entre los años 1950 y 1962.
La obra acontece en Rancas, una comunidad cerca de Yanahuanca a su vez comprensión con Cerro de Pasco. El juez Francisco Montenegro simboliza al hombre que detenta el poder inicuamente o que es respetado sólo por el temor que inspira a los habitantes de Rancas. Prueba de esta sumisión, es el hecho de que cierto día al Juez Montenegro se le cae una moneda de bronce.
Pasa un año y nadie se atrevió a recogerla, puesto que sabían que pertenecía al juez. A lo más que llegó el coraje de este pueblo, se aprecia en el hecho, de que un niño se atrevió a raspar la moneda con un palito, muy suavemente. Al llegar a Rancas la "Cerro de Pasco Corporation", un viejo campesino llamado Fortunato, previene a los habitantes sobre las consecuencias nefastas que esta compañía acarrearía. Pero en el fondo, él, como los otros, sabía que esta "usurpadora" los echaría de sus tierras y más aún, con el apoyo de la Guardia Civil. Héctor Chacón, en una reunión con otros campesinos, es elegido para asesinar al malévolo juez Montenegro. Era tanto su poderío, que cualquiera podía estar seguro de que el menor gesto inadecuado, sonrisa o palabra fuera de lugar o intencionada, el causante, sin consideración alguna sería abofeteado públicamente por el juez Montenegro. Ya el inspector de Educación, casi todos los Directores de Escuela, el Sargento Cabrera, el Jefe de la Caja de Depósitos y Consignaciones, habían sido abofeteados por el inicuo juez, todos debieron solicitar audiencia para pedir perdón al juez públicamente. Cierta vez el
Subprefecto Arquímedes Valerio cometió el error de llamarlo por su nombre: "Don Paco", motivo por el cual, recibió sendas cachetadas. Al día siguiente fue a pedirle perdón pero no fue recibido; luego de varios días por fin logro verlo; se disculpó diciendo que estuvo borracho y que no se había dado cuenta de su ofensa, todo quedo perdonado y el Subprefecto le suplicó que apadrinara su boda a lo que el juez accedió. El día de la boda, casi al final, el Subprefecto levantó su copa y pronunció el brindis fatal: "¡Salud padrino, me he dado el gusto de ofrecerle la mejor fiesta de la provincia!".
El juez se enfureció y lo abofeteó tres veces. Cierto día llego a Rancas un tren, traía alambre con el cual cercaron parte del territorio, incluyendo el cerro Huiska. El juez Montenegro sigue dando muestra de sus abusos: Su caballo llamado Triunfante pierde en una carrera frente a "Picaflor". El alcalde Herón de los Ríos, organizador de la carrera declara ganador a "Triunfante", evitando así la ira de Montenegro. En una rifa organizada por doña Josefina de la Torre, Directora del Centro de Escolar de niños, se rifan doce carneros. Herón de los Ríos pregunto al juez por sus números; Montenegro gano todos los corderos. El cerco de la compañía Norteamericana tenía más de cien kilómetros de largo y empezaba en el kilómetro 200, camino a Lima, las ovejas de los rancaínos que pastaban en las tierras de "La Cerro" fueron degolladas. La Guardia Civil inicia una búsqueda tenaz a Héctor Chacón, ya que se habían enterado que planeaba asesinar al juez Montenegro. Algunos piensan que es una mujer llamada Ignacia, otros dicen que fue la hija de esta Juana, la que traicionó. Por fin llega el día en que los rancaínos son desalojados. Todos estaban esperando a la Guardia de Asalto.
Cogieron piedras y palos. Nadie los sacaría. Cuando llegaron, Fortunato le preguntó al alférez a que venían. Este les respondió que a desalojarlos porque estaban invadiendo propiedad privada y que tenían diez minutos para irse. Fortunato le dijo que era "Cerro de Pasco Corporación" la invasora; pero el alférez no le escuchaba y seguía contando el tiempo mientras Fortunato hablaba, hasta que se cumplieron los diez minutos. Cumplidos estos los guardias comenzaron el genocidio. Mataron a Fortunato y todos los demás. Luego Fortunato, ya muerto, sostiene una conversación con Alfonso Rivera, quien le cuenta que después de que lo mataron a él, los rancaínos sacaron una bandera y se pusieron a cantar el Himno Nacional, pero que ni eso respetaron los guardias y los mataron a todos.
Este libro del escritor peruano Manuel Scorza narra la vida de los habitantes de un pueblo de los Andes Centrales del Perú, entre los años 1950 y 1962.
La obra acontece en Rancas, una comunidad cerca de Yanahuanca a su vez comprensión con Cerro de Pasco. El juez Francisco Montenegro simboliza al hombre que detenta el poder inicuamente o que es respetado sólo por el temor que inspira a los habitantes de Rancas. Prueba de esta sumisión, es el hecho de que cierto día al Juez Montenegro se le cae una moneda de bronce.
Pasa un año y nadie se atrevió a recogerla, puesto que sabían que pertenecía al juez. A lo más que llegó el coraje de este pueblo, se aprecia en el hecho, de que un niño se atrevió a raspar la moneda con un palito, muy suavemente. Al llegar a Rancas la "Cerro de Pasco Corporation", un viejo campesino llamado Fortunato, previene a los habitantes sobre las consecuencias nefastas que esta compañía acarrearía. Pero en el fondo, él, como los otros, sabía que esta "usurpadora" los echaría de sus tierras y más aún, con el apoyo de la Guardia Civil. Héctor Chacón, en una reunión con otros campesinos, es elegido para asesinar al malévolo juez Montenegro. Era tanto su poderío, que cualquiera podía estar seguro de que el menor gesto inadecuado, sonrisa o palabra fuera de lugar o intencionada, el causante, sin consideración alguna sería abofeteado públicamente por el juez Montenegro. Ya el inspector de Educación, casi todos los Directores de Escuela, el Sargento Cabrera, el Jefe de la Caja de Depósitos y Consignaciones, habían sido abofeteados por el inicuo juez, todos debieron solicitar audiencia para pedir perdón al juez públicamente. Cierta vez el
Subprefecto Arquímedes Valerio cometió el error de llamarlo por su nombre: "Don Paco", motivo por el cual, recibió sendas cachetadas. Al día siguiente fue a pedirle perdón pero no fue recibido; luego de varios días por fin logro verlo; se disculpó diciendo que estuvo borracho y que no se había dado cuenta de su ofensa, todo quedo perdonado y el Subprefecto le suplicó que apadrinara su boda a lo que el juez accedió. El día de la boda, casi al final, el Subprefecto levantó su copa y pronunció el brindis fatal: "¡Salud padrino, me he dado el gusto de ofrecerle la mejor fiesta de la provincia!".
El juez se enfureció y lo abofeteó tres veces. Cierto día llego a Rancas un tren, traía alambre con el cual cercaron parte del territorio, incluyendo el cerro Huiska. El juez Montenegro sigue dando muestra de sus abusos: Su caballo llamado Triunfante pierde en una carrera frente a "Picaflor". El alcalde Herón de los Ríos, organizador de la carrera declara ganador a "Triunfante", evitando así la ira de Montenegro. En una rifa organizada por doña Josefina de la Torre, Directora del Centro de Escolar de niños, se rifan doce carneros. Herón de los Ríos pregunto al juez por sus números; Montenegro gano todos los corderos. El cerco de la compañía Norteamericana tenía más de cien kilómetros de largo y empezaba en el kilómetro 200, camino a Lima, las ovejas de los rancaínos que pastaban en las tierras de "La Cerro" fueron degolladas. La Guardia Civil inicia una búsqueda tenaz a Héctor Chacón, ya que se habían enterado que planeaba asesinar al juez Montenegro. Algunos piensan que es una mujer llamada Ignacia, otros dicen que fue la hija de esta Juana, la que traicionó. Por fin llega el día en que los rancaínos son desalojados. Todos estaban esperando a la Guardia de Asalto.
Cogieron piedras y palos. Nadie los sacaría. Cuando llegaron, Fortunato le preguntó al alférez a que venían. Este les respondió que a desalojarlos porque estaban invadiendo propiedad privada y que tenían diez minutos para irse. Fortunato le dijo que era "Cerro de Pasco Corporación" la invasora; pero el alférez no le escuchaba y seguía contando el tiempo mientras Fortunato hablaba, hasta que se cumplieron los diez minutos. Cumplidos estos los guardias comenzaron el genocidio. Mataron a Fortunato y todos los demás. Luego Fortunato, ya muerto, sostiene una conversación con Alfonso Rivera, quien le cuenta que después de que lo mataron a él, los rancaínos sacaron una bandera y se pusieron a cantar el Himno Nacional, pero que ni eso respetaron los guardias y los mataron a todos.